jueves, 13 de noviembre de 2008

EL PLAN PARA MASACRAR A LOS JESUITAS

19 AÑOS DESPUÉS (SEGUNDA ENTREGA)

Miércoles 15 de noviembre de 1989, altos oficiales del ejército salvadoreño deciden reunirse por un lapso de tres horas, aquella sesión maquiavélica comenzó a las 7:30 y terminó justo a las 10:30 de la noche.
En ese encuentro estuvieron presentes 30 oficiales, se conoció también que asistieron asesores militares de Estados Unidos, al culminar la reunión decidieron utilizar artillería y aviones que desde los aires iban a disparar en contra de San Salvador.
Ya todo estaba dado, los altos mandos de la Fuerza Armada avalaron un plan para asesinar a dirigentes de izquierda, pero la logística para perpetrar esos crímenes estuvo bajo el mando de una estructura informal y paralela, pero con el apoyo de esa estructura formal militar, con los acuerdos los oficiales dieron por finaliza la sesión y con un apretón de manos pidieron ayuda a Dios para que todos les saliera a la perfección.
Según las investigaciones el Coronel Benavides, quien estuvo presente en la reunión era el responsable militar del sector donde se ubica la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), se reunió media hora más tarde con los dos tenientes que estarían directamente a cargo del operativo contra esa universidad. Les dijo: “estamos en una situación en donde o son ellos o somos nosotros. Vamos a comenzar con los cabecillas. Dentro del sector, nosotros tenemos la Universidad y ahí está Ellacuría. Vos hiciste el registro y tu gente conoce ese lugar. Usá el mismo dispositivo del día del registro. Hay que eliminarlo y no quiero testigos”. Seis horas después, las patrullas de "Satanás", "Maldito", "Rayo", "Salvaje", y otras, del Atlacatl, batallón formado y entrenado por militares norteamericanos, estaban de regreso en la Escuela Militar. Habían cumplido su misión; los seis sacerdotes jesuitas y sus dos empleadas ya habían sido aniquilados.
El segundo encuentro de los altos mandos militares tuvo lugar horas después, específicamente a las 8:00 de la mañana del 16 de noviembre, en otro edificio: el que comparte la CIA con el DNI. Cuando se oficializó la noticia de que los jesuitas habían muerto, los altos oficiales "aplaudieron" y "gritaron de alegría". La revelación de las dos reuniones pasó a ser objeto de investigación desde que se conoció de ellas. El día 8 de febrero las confirmó el Subsecretario de Estado Bernard Aronson.
Meses después la Compañía de Jesús solicitó oficialmente al Departamento de Estado, Consejo Nacional de Seguridad, CIA y DÍA el acceso a la información que habían logrado recopilar.
El Departamento de Defensa, informó que tenía 21 documentos, pero que no podían ponerlos a disposición de los jesuitas porque, de acuerdo a un artículo de sus leyes, no puede entregarse información que pueda dañar la seguridad nacional de Estados Unidos. Tras mucha insistencia, la DIA reconoció que tenía 85 documentos y que podía suministrar algunos. De los que entregó, a veces, en una hoja de 25 o 30 líneas, están tachadas y son ilegibles 15 o 18 líneas.