miércoles, 9 de febrero de 2011

LA NUEVAS GUERRILLAS URBANAS DE EL SALVADOR

Recuerdo muy bien, cuando en diciembre del año 2005, monseñor Rómulo Emiliani, me dijo que en El Salvador, las pandillas podrían llegar a convertirse en las nuevas “guerrillas urbanas”.
“Mira, los pandilleros saben pelear, están organizados y conocen las ciudades nuestras como la palma de su mano”. Esa advertencia que hizo el obispo oriundo la ciudad de Colón, de Panamá, parece haberse cumplido seis años después, en un país como el nuestro donde las pandillas le han torcido el brazo a las autoridades y dominan a su antojo colonias, barrios y ciudades.
Basta resumir las últimas acciones de estos grupos: han quemado unidades de transporte con pasajeros a bordo, han paralizado el país con toques de queda, han ordenado secuestros, extorsiones y homicidios desde las cárceles y han retado al gobierno que ve como sus planes han caído en saco roto.
En el año 2001, un censo que hizo el Centro de Inteligencia Policial (CIP) permitió descubrir que en El Salvador, habían 13 mil 500 miembros de maras, con el paso del tiempo el 60% de integrantes de esas estructuras fueron a la cárcel, pero en la calle quedó el resto de mareros y una nueva generación de menores de edad que diez años después crecieron y fueron adiestrados para delinquir al más alto nivel del crimen organizado.
Se estima que 11 años después de aquel diagnóstico, en nuestro país ya hay más pandilleros que policías, la institución encargada de la seguridad pública y la prevención del delito tiene en sus filas 17 mil 500 agentes, pero se cree que con todo y los mareros presos, El Salvador desde el año 2001 a la fecha tendría la cifra récord de 18 mil mareros.
Estos grupos, en un 70% son los responsables de la violencia, un problema endémico que se ha desbordado aún más. A lo largo de la historia los barrios bajos del mundo de las pandillas se han relacionado con el corazón del crimen.
Las maras fueron conquistadas por el narcotráfico. El narcomenudeo, así como el trasiego de armas son sus mejores generadores de dinero que utilizan para pagar a los abogados que los defienden en los procesos judiciales y para enviarle a sus jefes en las diversas cárceles.
Viven en territorios que han tomado como pequeñas ciudades donde habitan los desplazados a causa de fenómenos naturales, sociales, políticos, económicos y culturales; son los renegados de una sociedad que crecen y se desarrollan en ambientes donde las formas de romper relación con toda esta cadena, se reduce a dos posibilidades: la fuga o la muerte.
Son territorios que bien pueden llamarse ciudades fantasma, solo los que viven en ella saben lo que allí pasa. El menosprecio es la constante para estas miniciudades cercenadas por la política del terror y su mundo material.
La verdadera cara del neoliberalismo burgués, ultraconservador, se muestra sínicamente en los actos de las pandillas que inician en estos menesteres a una edad temprana, comprobado está que a los siete a años en diversos departamentos de nuestro país, están naciendo los nuevos criminales que día a día fortalecen las nuevas guerrillas urbanas.
Estamos frente a una juventud sin inocencia, con instinto de supervivencia, pasando por encima de quien sea para convertirse en el jefe de un territorio, su meta es llegar a ser el jefe de la clica.