Tras esperar por días en los albergues, cientos de salvadoreños llegan a esta zona de México para abordar el tren que los acerque a estados unidos. pocos imaginan los peligros que representa la locomotora
La expresión más clara de la migración es el ferrocarril al que todos llaman “El tren de la muerte”. Niños, jóvenes y adultos, a diario llegan a la estación de Arriaga, en el estado de Chiapas, para abordarlo.
Los indocumentados esperan pacientemente sentados sobre los rieles por muchas horas. Entre los cientos de ilegales se encuentran salvadoreños, que ingresaron por la frontera Tecún Umán y recorrieron por carreteras y veredas 260 kilómetros para seguir su camino por 12 horas en el tren de carga.
Arriaga es para el ciudadano común un lugar pacífico, no así para los migrantes que constantemente son acechados por delincuentes de estructuras organizadas que, desde esa estación, los ubican para atentar en contra de ellos, una vez hayan avanzado decenas de kilómetros.
La verdadera realidad del pueblo centroamericano se pone de manifiesto con ese masivo éxodo que sube a los vagones sorteando el peligro, ese que los acompañará en su trayecto hacia “el norte”.
En esta calurosa ciudad, desde las primeras horas del día, comienzan a llegar, uno a uno, los indocumentados hasta formar pequeños grupos que, con el transcurso de las horas, se convierten en grandes concentraciones.
Es toda una peregrinación y en cada uno de los rostros se observa ese deseo de llegar lejos y alcanzar su anhelado sueño.
En las horas antes de la llegada del ferrocarril, los migrantes de diversas nacionalidades se reúnen en nutridos grupos, se hacen bromas entre sí, cuentan los chistes más comunes de sus respectivos países y, por supuesto, no pasan por alto las malas experiencias de sus recorridos.
Pese a todo, se termina generando un ambiente de “camaradería”. Son amigos por horas, porque una vez han subido al tren posiblemente nunca más vuelvan a verse.
En Arriaga, hasta la persona más fuerte termina doblegándose en sus sentimientos al observar a los cientos de migrantes que corren de un lugar a otro para buscar el mejor puesto en los vagones.
Es conmovedor ver algunos rostros de angustia, sobre todo, de mujeres y menores de edad, quienes al ver el tren en marcha y obligados a “encarrilarse” (subir al tren), evidencian que quizá nunca hubiera llegado el momento para esa nueva travesía.
Cada migrante tiene una crónica que indigna y llama a la reflexión del por qué, desde la más corta edad hasta la más avanzada, tienen que pasar por todo este calvario.
Lo único que les da fuerza para seguir y seguir es la esperanza de que en Estados Unidos podrán iniciar una nueva vida para sí mismos y las familias que han dejado a miles de kilómetros de distancia.
Óscar, de 30 años, originario de San Miguel, es uno de los miles que inquietos por un mejor porvenir se decidió a abordar “El tren de la muerte” para avanzar hasta Oaxaca.
Cuenta que en 1999 viajó a Estados Unidos como indocumentado y luego de permanecer varios años en esa nación se casó con una ciudadana estadounidense. Trabajó duramente para ahorrar dinero y regresar a El Salvador para establecer un negocio e “irla pasando con su esposa y su hijo”.
Con su esposa lograron abrir una pupusería y también le alcanzó para comprar un taxi.
“Lastimosamente, cuando se dieron cuenta lo que tenía, me comenzaron a extorsionar y amenazaron con matarnos. Cuando yo me fui en 1999 no existía eso. Lastimosamente hoy que llego a El Salvador está difícil por la delincuencia... Frente a mi casa mataron a dos y mi esposa se puso nerviosa y se fue, pero aquí voy buscando mi familia”, dijo.
Óscar salió de San Miguel el pasado 20 de enero y en su ruta fue interceptado por autoridades migratorias mexicanas siendo deportado vía terrestre a La Hachadura, Ahuachapán.
“Cuando llegué a la frontera, de allí mismo me regresé. A mí me agarraron el siguiente día porque yo salí el miércoles y me agarraron el jueves, pero ya el sábado nos dieron para El Salvador y el mismo sábado me regresé a Tecún Umán. Allí esperé a unos compañeros y salí el martes de Tecún Umán. Gasté y hasta ahorita me he gastado 200 dólares. Viniendo uno pide comida” expresó el migueleño.
Para el indocumentado, transportarse en tren ya le es un poco familiar. En 1999 viajó por esta vía y fue detenido en Reynosa, estado de Tamaulipas, México, cuando intentaba pasar el Río Bravo. Al ser deportado lo volvió a intentar dos meses después.
“Estoy viajando por cuarta vez desde 1999 en tren. Hoy, en busca de mi familia... En San Miguel, los extorsionistas me pedían $10 mil y si no se los daba en cierto tiempo, mataban a mi esposa y a mis hijos. Entonces, lo único que les dije es que no tenía dinero y también les dije que si tocaban a mi esposa o a una de mis hijas, que son norteamericanas, entonces que sí iba a haber justicia (con ellos)”.
Los indocumentados esperan pacientemente sentados sobre los rieles por muchas horas. Entre los cientos de ilegales se encuentran salvadoreños, que ingresaron por la frontera Tecún Umán y recorrieron por carreteras y veredas 260 kilómetros para seguir su camino por 12 horas en el tren de carga.
Arriaga es para el ciudadano común un lugar pacífico, no así para los migrantes que constantemente son acechados por delincuentes de estructuras organizadas que, desde esa estación, los ubican para atentar en contra de ellos, una vez hayan avanzado decenas de kilómetros.
La verdadera realidad del pueblo centroamericano se pone de manifiesto con ese masivo éxodo que sube a los vagones sorteando el peligro, ese que los acompañará en su trayecto hacia “el norte”.
En esta calurosa ciudad, desde las primeras horas del día, comienzan a llegar, uno a uno, los indocumentados hasta formar pequeños grupos que, con el transcurso de las horas, se convierten en grandes concentraciones.
Es toda una peregrinación y en cada uno de los rostros se observa ese deseo de llegar lejos y alcanzar su anhelado sueño.
En las horas antes de la llegada del ferrocarril, los migrantes de diversas nacionalidades se reúnen en nutridos grupos, se hacen bromas entre sí, cuentan los chistes más comunes de sus respectivos países y, por supuesto, no pasan por alto las malas experiencias de sus recorridos.
Pese a todo, se termina generando un ambiente de “camaradería”. Son amigos por horas, porque una vez han subido al tren posiblemente nunca más vuelvan a verse.
En Arriaga, hasta la persona más fuerte termina doblegándose en sus sentimientos al observar a los cientos de migrantes que corren de un lugar a otro para buscar el mejor puesto en los vagones.
Es conmovedor ver algunos rostros de angustia, sobre todo, de mujeres y menores de edad, quienes al ver el tren en marcha y obligados a “encarrilarse” (subir al tren), evidencian que quizá nunca hubiera llegado el momento para esa nueva travesía.
Cada migrante tiene una crónica que indigna y llama a la reflexión del por qué, desde la más corta edad hasta la más avanzada, tienen que pasar por todo este calvario.
Lo único que les da fuerza para seguir y seguir es la esperanza de que en Estados Unidos podrán iniciar una nueva vida para sí mismos y las familias que han dejado a miles de kilómetros de distancia.
Óscar, de 30 años, originario de San Miguel, es uno de los miles que inquietos por un mejor porvenir se decidió a abordar “El tren de la muerte” para avanzar hasta Oaxaca.
Cuenta que en 1999 viajó a Estados Unidos como indocumentado y luego de permanecer varios años en esa nación se casó con una ciudadana estadounidense. Trabajó duramente para ahorrar dinero y regresar a El Salvador para establecer un negocio e “irla pasando con su esposa y su hijo”.
Con su esposa lograron abrir una pupusería y también le alcanzó para comprar un taxi.
“Lastimosamente, cuando se dieron cuenta lo que tenía, me comenzaron a extorsionar y amenazaron con matarnos. Cuando yo me fui en 1999 no existía eso. Lastimosamente hoy que llego a El Salvador está difícil por la delincuencia... Frente a mi casa mataron a dos y mi esposa se puso nerviosa y se fue, pero aquí voy buscando mi familia”, dijo.
Óscar salió de San Miguel el pasado 20 de enero y en su ruta fue interceptado por autoridades migratorias mexicanas siendo deportado vía terrestre a La Hachadura, Ahuachapán.
“Cuando llegué a la frontera, de allí mismo me regresé. A mí me agarraron el siguiente día porque yo salí el miércoles y me agarraron el jueves, pero ya el sábado nos dieron para El Salvador y el mismo sábado me regresé a Tecún Umán. Allí esperé a unos compañeros y salí el martes de Tecún Umán. Gasté y hasta ahorita me he gastado 200 dólares. Viniendo uno pide comida” expresó el migueleño.
Para el indocumentado, transportarse en tren ya le es un poco familiar. En 1999 viajó por esta vía y fue detenido en Reynosa, estado de Tamaulipas, México, cuando intentaba pasar el Río Bravo. Al ser deportado lo volvió a intentar dos meses después.
“Estoy viajando por cuarta vez desde 1999 en tren. Hoy, en busca de mi familia... En San Miguel, los extorsionistas me pedían $10 mil y si no se los daba en cierto tiempo, mataban a mi esposa y a mis hijos. Entonces, lo único que les dije es que no tenía dinero y también les dije que si tocaban a mi esposa o a una de mis hijas, que son norteamericanas, entonces que sí iba a haber justicia (con ellos)”.
EL SALVADOR CON PRESENCIA EN ARRIAGA
En Arriaga, estado de Chiapas, México, fue inaugurada la Oficina de Protección Consular, con el fin de atender a los salvadoreños que diariamente pasan por esa ciudad en su ruta a Estados Unidos.
La sede está frente a la estación del ferrocarril que los migrantes abordan para eludir los controles migratorios. Vilma Mendoza está al frente de la sede diplomática.
“Buscamos consolidar la agencia y volverla llena de credibilidad para el migrante que está radicado. Reducir el índice de desidia que siempre existe en el migrante hacia una agencia o un consulado, y se va a lograr, como lo hicimos en Tapachula”, sostuvo.
Tener el consulado frente a la línea férrea permite un contacto directo con el migrante salvadoreño, es decir, asistirle en el momento indicado.
El área geográfica de competencia del consulado es “la Istmo Costa”, que va desde Mapastepec hasta Arriaga, así como la “zona frailesca de Chiapas” que va desde el norte hasta el centro y el istmo de Oaxaca.
El área de la zona centro y frailesca es por donde los migrantes salen procedentes de la frontera Comalapa y para quienes han entrado también por Huehuetenango (Guatemala con la frontera de Chiapas). Esas rutas conectan luego con Paso Hondo y terminan en Arriaga.
Siguiendo ese recorrido, los migrantes evitan pasar la costa y el área peligrosa de Palenque.
La cónsul de Arriaga sostuvo que ya se han identificado varios albergues de paso, que muchas parroquias han habilitado para asistir a los viajeros.
En los próximos días, se informará a los sacerdotes encargados de los centros para que se pongan en contacto con la sede consular ante cualquier caso de salvadoreños que necesiten asistencia.
Los ilegales salvadoreños que van en ruta pueden abocarse a la sede consular para denunciar cualquier tipo de agresión. También se les proporcionará la oportunidad de comunicarse con sus familiares en Estados Unidos y El Salvador, a través de dos líneas telefónicas directas.
“El migrante puede gestionar con nosotros entregas voluntarias, irse a un albergue y recibir una asistencia personalizada en el caso de víctimas directas, principalmente niñas y mujeres, porque va a haber un área especializada para asistencia en crisis”, expresó Mendoza.
Como parte del servicio que se dará al migrante está la asistencia médica y de primeros auxilios de forma gratuita. Por las mañanas se les repartirá café y agua, minutos antes que decidan salir a bordo del tren en su larga ruta a Estados Unidos.
Uno de los proyectos de la oficina consular es atender migrantes de otros países centroamericanos, pero antes deben suscribirse acuerdos con los diversos gobiernos, como lo establece la Convención de Vienna.
La sede está frente a la estación del ferrocarril que los migrantes abordan para eludir los controles migratorios. Vilma Mendoza está al frente de la sede diplomática.
“Buscamos consolidar la agencia y volverla llena de credibilidad para el migrante que está radicado. Reducir el índice de desidia que siempre existe en el migrante hacia una agencia o un consulado, y se va a lograr, como lo hicimos en Tapachula”, sostuvo.
Tener el consulado frente a la línea férrea permite un contacto directo con el migrante salvadoreño, es decir, asistirle en el momento indicado.
El área geográfica de competencia del consulado es “la Istmo Costa”, que va desde Mapastepec hasta Arriaga, así como la “zona frailesca de Chiapas” que va desde el norte hasta el centro y el istmo de Oaxaca.
El área de la zona centro y frailesca es por donde los migrantes salen procedentes de la frontera Comalapa y para quienes han entrado también por Huehuetenango (Guatemala con la frontera de Chiapas). Esas rutas conectan luego con Paso Hondo y terminan en Arriaga.
Siguiendo ese recorrido, los migrantes evitan pasar la costa y el área peligrosa de Palenque.
La cónsul de Arriaga sostuvo que ya se han identificado varios albergues de paso, que muchas parroquias han habilitado para asistir a los viajeros.
En los próximos días, se informará a los sacerdotes encargados de los centros para que se pongan en contacto con la sede consular ante cualquier caso de salvadoreños que necesiten asistencia.
Los ilegales salvadoreños que van en ruta pueden abocarse a la sede consular para denunciar cualquier tipo de agresión. También se les proporcionará la oportunidad de comunicarse con sus familiares en Estados Unidos y El Salvador, a través de dos líneas telefónicas directas.
“El migrante puede gestionar con nosotros entregas voluntarias, irse a un albergue y recibir una asistencia personalizada en el caso de víctimas directas, principalmente niñas y mujeres, porque va a haber un área especializada para asistencia en crisis”, expresó Mendoza.
Como parte del servicio que se dará al migrante está la asistencia médica y de primeros auxilios de forma gratuita. Por las mañanas se les repartirá café y agua, minutos antes que decidan salir a bordo del tren en su larga ruta a Estados Unidos.
Uno de los proyectos de la oficina consular es atender migrantes de otros países centroamericanos, pero antes deben suscribirse acuerdos con los diversos gobiernos, como lo establece la Convención de Vienna.
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