Algunos obtienen esa información encubiertamente y luego se la proporcionan a los demás miembros de la pandilla para que en un sector intercepten el tren y asalten a todos los indocumentados.
No todos los casos terminan en asaltos, en muchas ocasiones asesinan a los migrantes sobre todo a quienes se oponen a sus pretensiones. El ferrocarril se ha convertido en un medio de transporte para enviar droga, los narcotraficantes contactan a los integrantes de la Mara Salvatrucha para que muevan un cargamento y estos al tener la droga en sus manos se trasladan a las zonas por donde va pasar el tren y obligan a los migrantes a que lleven uno o dos paquetes en sus mochilas y que los entreguen o lancen en un punto que ellos les indican.
“Ahorita hay un fenómeno que se está dando, los mismos transmigrantes están cediendo a las pretensiones de las pandillas organizadas, para efecto de lograr ellos su sueño deseado que es el poder ir al norte de la república, están colaborando con ellos y tenemos datos fidedignos de transmigrantes que están colaborando con la delincuencia organizada, ellos les proporcionan información de cuantos van y para dar datos a los delincuentes” expresó Méndez Rojas.
Con respecto a Los Zeta, las autoridades mexicanas han descubierto que este grupo paramilitar ha logrado hasta infiltrar a sus miembros en los albergues para migrantes, el caso más reciente fue la captura de un transmigrante que desde una casa de asistencia de indocumentados estaba enviado información a esa organización criminal.
“Detuvimos a un halcón, así le llaman ellos a quien les pasa información y era un transmigrante que estaba haciendo esas labores en contra de sus mismos compañeros”, agregó el fiscal.
Este hecho se registró en el Rancho Las Victorias, estado de Tabasco, la investigación que inició en Chiapas culminó con un operativo de captura de ese colaborador de Los Zeta, a varios migrantes les comenzaron a llamar para extorsionarles.
“Lo que nosotros nos dimos cuenta es que a sus familiares que viven en Estados Unidos, les estaban exigiendo la cantidad de $3 mil a $ 5mil para dejarlos en libertad porque estaban secuestrados”.
Las indagaciones determinaron que un migrante que los Zetas contactaron, logró sacarle la información a sus compañeros y luego se la proporcionó al grupo para militar con el fin de que secuestraran a un grupo de indocumentados que estaban en un albergue.
En los albergues y casas de detención de migrantes hay un riesgo latente de que se infiltren estos grupos delincuenciales, según el funcionario mexicano, pero no es lago que les quite el sueño, sostuvo.
Y aunque el fiscal dice que a Los Zetas y la MS los tienen controlado, varios indocumentados aseguran que en todos los viajes del tren se dan asaltos , es muy rara la ocasión en la que no salen a robarles o obligarlos a transportar droga.
Incluso los grupos de pandillas a fines a los Zeta que se están dedicando a asaltar, violar y asesinar, interceptan a los migrantes cuando se bajan de los medios de transporte para seguir su ruta a pie en algunos puntos ciegos con el fin de evadir los controles migratorios.
Los Zeta secuestraron salvadoreño en México
José Ignacio, un joven de 23 años, quien dice ser de San Marcos, al sur de San Salvador, fue secuestrado por el grupo paramilitar Los Zeta, en San Luis Potosí, cuando iba hacia Tamaulipas, junto a él viajaba un hondureño que solo conocía como Román y un guatemalteco que nunca les dijo su nombre.
Al salir de un albergue en San Luis Potosí fueron interceptados por un grupo de hombres encapuchados y los llevaron a una casa desolada.
Cuenta José Ignacio que al guatemalteco no le hicieron nada, lejos de eso le dieron la mano y agradecieron diciendo, “gracias por esta mercancía”.
Lo que estaban viendo les resultó sospechoso y sin ser expertos se dieron cuenta que el guatemalteco los había entregado, “con razón que al hondureño y a mí, ese hombre nos preguntaba mucho hacia donde íbamos y si teníamos familiares en la USA, todavía me dijo que le diéramos los números y que habláramos desde un teléfono que él andaba para informar que estábamos bien, al final era para tener los números de teléfono de los dos”, sostuvo el migrante salvadoreño.
Según José Ignacio, cuando el guatemalteco se retiró los encapuchados los comenzaron a torturar, primero fue con Román, “le daban con la culata del fusil y le decían que iban a llamar al papá que estaba en New York y que le iban a pasar el teléfono y que le dijera que mandara dinero porque lo tenían secuestrado, cuando el papá contestó hizo lo que le habían dicho y le informó que querían $10 mil, así pasaron ocho días y nunca se ponían de acuerdo, al final yo vi que al hondureño se lo llevaron y después no se que pasó, nunca más lo volví a ver”, relata.


La Fiscalía General de la República ha definido ya el esquema a utilizar para realizar una intervención en sus diversas modalidades que bien puede ser una escucha telefónica de un teléfono móvil, fijo o un radio de comunicación.